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Viejas historias del Río y sus islas.

13/07/2012

Estas historias son una serie de relatos que escuche aproximadamente a principios de los años 80, por aquellos años solo siendo un niño conocía el Rio desde la costa y sus barrancas las islas eran un lugar desconocido inexplorado lleno de misterios.

Cuando surgían cenas en la casa del Tío Jose solíamos juntarnos con los amigos del barrio a escuchar las historias de sus andanzas por las islas, sus relatos hacían referencia a salidas de casería a principios de los años 60.

Reales o no estas son algunas de las historias que recuerdo de aquellas lejanas noches donde luego de escucharlas el miedo nos acompañaba de regreso a casa.

 

 

El carpincho Blanco.

Teníamos el campamento no muy lejos del fogonazo sobre el Careaga, cuando la noche comenzó a caer  comimos  asado un cuarto trasero de carpincho que nos regalo el viejo Juan, luego de la cena preparamos el reflector y las  escopetas.

Salimos por el paso del rio viejo donde sabíamos que si bien no mucha gente lo frecuentaba por extraños sucesos la cacería siempre era buena.

 

 

Lo primero que nos llamo la atención fue el silencio absoluto, solo se podía escuchar el sigiloso remo al entrar al agua y una de las toleteras ( Toletera: Enganche del remo en la canoa ) que ya tenían juego en la vieja canoa llamada escorpio, los grillos y ranas parecía que se los había tragado la noche cerrada y sin luna.

 

 

Como nunca habíamos recorrido cientos de metros de costas y el reflector solo atraía mosquitos, ya resignados regresábamos por el mismo riacho al campamento y por las dudas cada tanto alumbrábamos las costa pero sin suerte, al llegar a un recodo pasamos por un cerro donde según los vaquéanos se trataba de un antiguo cementerio Chana lugar en que todo conocedor aconsejaba no acampar, desde la costa del cerro se escucho un ruido y Orlando que tenía el reflector  inmediatamente alumbro el lugar los tres se quedaron sorprendidos al ver sobre una barranquita un enorme carpincho blanco, Jose y Deceno inmediatamente montaron sus escopetas el primero en disparar fue Jose que tenía una del 12 el estruendo retumbo en la isla… y para sorpresa de ellos el carpincho apenas si movió la cabeza…, Jose era un buen tirador y jamás había fallado un disparo a tan corta distancia, Deceno tenía una del 16 con caños superpuestos apunto lentamente y disparo los dos tiros con intervalo de pocos segundos, los plomos parecían pasarle de largo levantando tierra detrás del carpincho que seguía merándolos con indiferencia,  el miedo se apodero de los tres que no podían creer los que estaba pasando, en eso el reflector comenzó a parpadear Orlando lo sacude y logra  mantenerlo encendido por unos segundos para luego apagarse dejándolos rodeado de una oscuridad absoluta, en eso se escucha de la costa que algo grande se tira al agua y se acercaba, Orlando tiro el reflector y comenzó a remar aguas abajo con todas sus fuerzas siguiendo el reflejo de las estrellas en el agua como guía, José que ya había recargado en la desesperación disparo a ciegas hacia donde venia el ruido detrás de ellos no podían ver que los seguía pero lo escuchaban cada vez más cerca, Deceno y Jose perdieron la cuenta de cuantas veces dispararon, rápidamente llegaron a salir al Careaga y después de 30 minutos estaban en la seguridad del campamento.

 

 

Al día siguiente más tranquilos  trataban de encontrarle lógica a lo ocurrido diciendo  que podía tratarse de un carpincho albino, pero no podían entender como a tan corta distancia fallaron los disparos, Orlando bajo el reflector de la canoa para ver que le había sucedió y para su sorpresa encendió perfectamente, de lejos los miraba y escuchaba el viejo Juan junto al fuego que se había arrimado desde su rancho a tomar unos mates, no dijo nada pero se podía ver esbozar una tenue sonrisa poco común en el.

 

 

 

Aguas negras.

Entramos por la boca de las cañas y acampamos en un albardón alto poblado de altos timbos y un laurel que resaltaba con sus brillantes hojas, las lagunas cercanas eran llamadas aguas negras ya que al navegar sobre ellas se veían oscuras pero lo oscuro era el fondo y sus aguas si uno la ponía en un vaso era cristalina como el agua que sale de la canilla, esto se producía por decantación en algunas lagunas donde los camalotes filtraban sus aguas en el corazón de la isla, un fenómeno que hoy siguen disfrutando los que se aventuran a interior de este humedal.

 

 

Aprovechando este lugar único tipo 10 de la noche salimos en la vieja canoa impulsándola con un largo botador bordeando la costa de la laguna que tenía sus bordes tapizados de todo tipo de plantas acuáticas, no faltaban las gigantes hojas de irupés

 

 

Pablo alumbraba desde la parte delantera las cristalinas aguas mostrando una dimensión pocas veces vista de ese mundo que hay bajo la superficie, se podían ver pasar los cardúmenes de sábalos y no faltaba algún moncholo que atraído por la luz se arrimaba a la superficie mostrando sus largos bigotes, pero José que traía la “fija” ( chuza o lanza ) estaba en busca de una presa diferente.

 

Llegando al fondo de la laguna la profundidad apenas superaba el metro donde por fin a un lado de un tronco sumergido la luz muestra un cachorro atigrado y no muy lejos de el al otro lado del tronco un dorado impresionante, con una seña Deceno le señala al surubí ya que al tirarle a cualquiera de los dos el otro se escaparía, en el momento que levantaba el brazo para tirar la fija un ruido en los camalotes cercanos espanta a los dos peces que salen como flechas, pablo rápidamente enfoca el lugar de donde venia el ruido donde se podía ver las ramas y camalotes que se movían por algo que se acercaba bajo el agua, a dos metros de la canoa se ve algo que viene casi tocando el fondo Jose se prepara nuevamente con la ilusión que aparezca un enorme pez.

Los tres quedan paralizados al ver ya con más nitidez lo que está a punto de pasar bajo la canoa, lejos de ser un pez lo que ven es una enorme boa o curiyú como se la conoce por esta zona el tamaño era tan intimidante que Jose ni amaga a tirarle, estiman que tenía unos cuatro metros pero lo más llamativo era ver detrás de su cabeza como una melena larga que acompañaba el ondular de su movimiento, vieron como cada centímetro pasaba por debajo de ellos y se metía en la espesura del camalotal de la costa.

 

 

Comenzaron a salir de la laguna rápidamente pero con gran sigilo, esta vez no para que no se les escape alguna presa sino por darse cuenta que en este caso la presa habían pasado a ser ellos.

 

 

Esfera de Luz.

Esta es una vieja historia que fue trasmitida a lo largo de las generaciones y finalmente llego a mis oídos por el relato de mi tío, este relato pertenece al abuelo de él y para tener una idea fue por los años 30.

El tenia una casilla prestada por Piagio cerca de la laguna grande por aquellos años la pesca era muy abundante, tenía el tejido calado en una de las márgenes del oeste de esta inmensa laguna y muchas veces salía a recorrerla por la noche para no dejar los peces atrapados hasta la mañana y correr el riesgo que los devoraran las palometas, ya en algunas oportunidades solo había encontrado los espinazos y estos feroces peces hasta habían comido también parte de la red dejándole grandes agujeros.

 

 

Fue una de esas noches que llegada casi la medianoche y llegando al boyado del tejido vio como una pequeña esfera de luz se movía entre los árboles, se quedo inmóvil observándola cuando de repente sale del monte y salta a la boya que se encontraba marcando el principio del tejido, en ese momento la pudo ver mejor y la describe como una esfera de luz blanca algo más grande que una naranja, estaba suspendida sobre esta boya cuando comenzó a saltar de corcho en corcho. ( Por aquellas épocas las boyas de las redes no eran de plástico como ahora )

 

 

Si bien la red era larga se venía acercando rápidamente a el que se encontraba en la otra punta, no espero a que se acercara mas y comenzó a remar en busca del arroyo que lo trajo, la luz al llegar al final de la red se comenzó a desplazar sobre el agua en dirección a la canoa, el abuelo remaba con todas sus fuerzas pero la luz rápidamente llego y se poso sobre el taco de la canoa ( taco :parte trasera de la canoa ), el solo atino a bajar la vista al piso de la canoa que estaba iluminado por esta extraña luz, no se atrevía a mirarla y siguió remando con fuerza mirando a sus costados para no perder el rumbo o quedar encallado en las márgenes del arroyo en el que ya había entrado, ya no faltaba mucho para llegar al rancho y la luz seguía firme sobre el taco sin moverse, al pasar por uno de los recodos del arroyo que da a un albardón lleno de alisos la luz salto de la canoa el abuelo levanto la vista y la observo como se metía dentro del monte islero hasta perderse.

 

 

El abuelo no conto esta historia hasta varios años después, cuando se canso que le preguntaran por qué no recorría la red durante la noche y esperaba siempre el amanecer para entrar a esa laguna.

 

 

 

El ceibo de fuego.

Estábamos acampando frente al cerro del durazno en una de las márgenes del arroyo salto, por aquellas épocas en el cerro se podían encontrar resto de alfarería Chana, asas de hoyas, cucharas, y trozos con raras formas la mayoría rotos pero con muy lindos grabados, estos últimos años las vacas destrozaron todo y ya no queda rastros de estos alfareros.

 

 

La segunda noche no quedaban muchas provisiones y salieron a recorrer las márgenes del arroyo para cazar algún carpincho, cuentan que había tanta abundancia de este enorme roedor que podían elegir cual cazar, después de una hora finalmente encontraron uno con el tamaño que querían y de un solo disparo certero cayo de una barranquita a los camalotes de donde pudieron subirlo a la canoa.

 

 

De regreso a puro remo en una de las curvas que llamaban el poso donde había un ceibo muy grande que dominaba el albardón, se sorprendieron al verlo prendido fuego de tal forma que hasta sus ramas más altas tenían llamas, estos de la ciudad que vienen y hacen fuego al pie de los arboles (comento Jose), si siempre igual estos tipos ( responde Deceno ) vienen solo a hacer desastre mira como arde ese pobre ceibo que hace unos días lo veíamos florecido.

 

 

Ya de regreso al campamento comieron a la llama el carpincho y durmieron hasta el hermoso amanecer que los despertó con el canto de cientos de aves, ya este tercer día tenían que emprender el regreso por lo que acomodaron cada uno sus pertenencias y desarmaron la carpa, el viejo motor osmar se empaco y tardo un rato en arrancar pero siempre después de un par de explosiones terminaba en marcha despareja, salieron con la canoa cargada y recorriendo cada curva del arroyo.

 

 

Todos quedaron mudos al pasar por el poso al ver al ceibo verde y florecido que resaltaba en lo alto del albardón, no había rastro de fuego alguno y el ceibo estaba impecable…

 

 

Nadie se podía explicar lo sucedido y a los que se lo contaron les respondían a las carcajadas que el exceso de vino les había hecho mal, finalmente después de algunos años una gran creciente se llevo al viejo ceibo con su secreto al fondo de arroyo salto, sueño o realidad se llevo el secreto a lo profundo de las aguas.

 

 

En el sendero del carpincho.

El atardecer de otoño ya dejaba paso a las sombras de la noche, Jose y Orlando tomaron linternas y escopetas para ir a un sendero donde habían encontrado los rastros de un paso que usaban los carpinchos para pasar de una laguna al riacho timbo, encontraron el paso y José se subió a un sauce que estaba casi tumbado sobre el sendero y Orlando se trepo a un pequeño laurel del otro lado.

 

 

La noche cayo rápido y los dos se quedaron en silencio en sus posiciones a la espera de los carpinchos, la posición después de un rato se hacía muy incómoda arriba de los arboles pero sabían que este sendero no podía fallar.

 

 

Después de un largo rato comienzan a escuchar que algo se acerca por el angosto camino, Jose monta lentamente su escopeta con la mano derecha y apunta, con la izquierda sostiene junto al guardamano la linterna con la misma dirección del caño, ya los sonidos estaban más cerca  y siente que le tocan el hombro y le susurran al oído “ahí vienen”, Jose concentrado ni pensó como hiso Orlando para estar detrás, cuando comienza a ver la silueta del carpincho que se acerca, nuevamente escucha que le dicen al oído “ahí viene ahí viene”…., en ese mismo momento ve que Orlando que seguía en el árbol que estaba del otro lado enciende la linterna…, José mira detrás sin ver a nadie estaba solo en el sauce del susto y la brusca reacción se le escapa el disparo…

Baja del árbol como un rayo corriendo al lugar donde tenían la canoa, Orlando que no entendía que le había pasado a Jose lo siguió hasta que lo alcanzo en la canoa, y lo único que logro que le digiera fue regresemos al campamento.

 

Esa noche de regreso a la ranchada Jose no hablo mas y se metió en su bolsa de dormir sin decir palabra alguna, una espesa niebla envolvió el campamento de tal forma que solo se podía ver unos metros de la fogata y el resplandor formaba extrañas figuras en las ramas de los arboles.

 

 

La mañana siguiente Orlando y Deceno  encontraron a Jose con un buen fuego prendido y los mates listos, ya más tranquilo y a la luz del día les conto lo sucedido.

 

 

Jose al regresar a la ciudad vendió su escopeta del 12 y su 38 largo y nuca mas regreso a cazar.

 

 

Espero que estas viejas historias de nuestras islas les hayan gustado, no quería que se pierdan en el tiempo. 

 

Para los que conocemos estas bellas islas sabemos que encierran muchos secretos, lamentablemente muchos de ellos se pierden con cada arroyo cortado y laguna que es secada para meter más ganado.

 

Es muy triste ver como la magia de este lugar desaparece día tras día bajo las retroexcavadoras, que como un cáncer maligno proliferan sin control en los humedales del Rio Paraná.

 

  

                                                              {LosAliadoS}

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10 comentarios leave one →
  1. brenda permalink
    06/02/2017 10:36 am

    Me encantoooo!!!! Estaria bueno que especificaran mas los lugares,y seria re lindo que lo impriman en una especie de libro…Gracias por las historias!!!!

  2. Alfredo permalink
    29/05/2016 11:04 am

    genio siga si, maravillosos relatos, algún día escribiré en tu blog mis diez años de apicultor islero.

  3. Jose Alberto campostrini permalink
    28/05/2016 9:07 pm

    gracias , por las historias mi papa me conto la del ceibo, el vivia en los medanosdepartamento gualeguay,en la costa del arroyo san lorenzo, me vivia contando historias una mas linda que otra ,

  4. 28/05/2016 4:05 pm

    Buenisimo…mi suegro querido era CHACHO LARROSA se estableció en el CHARIGUE hasta su fallecimiento y la historia del carpincho blanco la escuché por el y TE AGRADEZCO POR HABERME TRAIDO TANTOS RECUERDOS DE ESAS NOCHES DE SOBREMESA ALLA EN SU RANCHO ESCUCHANDO TANTISIMOS ANÉCDOTAS DE SU VIDA EN LAS ISLAS..GRACIAS

  5. Osmar permalink
    12/09/2015 9:59 am

    Hola amigo. En verdad recién puedo leer estos hermosos cuentos en los q encuentro muchas cosas conocidas. Soy un asiduo visitante de las islas frente a San Nicolás de lis arroyos aca en la provincia de Buenos Aires.
    Me llamó mucho la atención q nombraras el motor fuera de borda Osmar. Ya q hace algunos años encontré uno en un galpón y sin dudarlo se lo compré al dueño q ya no lo usaba hacia muchos años.
    Después de desarmarlo lo reparé sin tener muchos medios y hoy lo tengo en perfecto estado de funcionamiento.

  6. Leo Kutú permalink
    08/08/2012 10:07 pm

    Hno. de los anzuelos, Pablo:
    Historias y relatos nacidos en el alma de quienes tienen profundas vivencias,…¡Qué lindo!.
    Hermosas fotografías cargadas de esencia.
    ¡Que bueno que de algún modo hagas “hablar a la isla”…
    ¡Felicitaciones por el Blog!.
    Un abrazo guaraní, y…
    Un afectuoso sapukái.-

  7. 23/07/2012 10:26 pm

    Amigos se que no soy un buen redactor pero como comente en el post no quería dejara de plasmarlas en este sitio.
    Todos escuchamos alguna vez estas historias en nuestra infancia y creo que vale la pena plasmarlas para que no queden en el olvido.
    Seguramente muchas de ellas tienen mucho de real…, quien puede asegurar que son solo historias inventadas.
    Los que las cuentan aseguran que son vivencias reales…, seguramente cada uno de nosotros tenemos alguna vivencia difícil de explicar.

    Gracias por viajar y acompañarme a estas lejanas historias de mi niñez.

    Pablo.

  8. Juanjo permalink
    19/07/2012 1:14 pm

    Excelente, todos los que frecuentamos alguna vez las islas tenemos historias que contar. Es un lugar de aventuras.

  9. Sergio permalink
    15/07/2012 9:18 pm

    Genial, un lector agradecido por estas historias que relatas de ese mundo increible que representa el Paraná, ese rio que es un mundo; con el sabor de los relatos que se cuentan al fogón, después de un asado, aquí o allá a la largo de nuestro país. Realmente disfrute mucho de tus historias isleras, tanto como cada una de las imagenes que publicas en este blog maravilloso, gracias por compartir!! Saludos
    Sergio

  10. Mariana permalink
    13/07/2012 9:11 pm

    me encanto leer las historias isleras amigo! Gracias!

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